Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra


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Aviso de la llegada de una inestabilidad generalizada en todo el país



Fax enviado por el instituto del Tiempo al Centro Nacional de Meteorología en el que se advierte de la llegada de fuertes inestabilidades que afectarán a todo el país.

Hoy es el futuro. Ven al Instituto del Tiempo

Hace ya un año que nació el Instituto del Tiempo con el objetivo de «fomentar una comunicación y un debate directos y continuados, porque sin ellos no se puede fundar una práctica y mucho menos llegar a creer que se pueda incidir en la realidad». Hoy, sin duda alguna, las condiciones son más adversas que nunca. El empobrecimiento de la vida a todos los niveles unido a una ofensiva contra los trabajadores, estudiantes rebeldes, pensionistas (tratados como mercancía obsoleta), la chusma, la gente que se busca la vida como puede y donde puede nos obliga a buscar alianzas, a establecer puentes de comunicación con los demás, ver hasta donde podemos llegar y reflexionar en cómo podemos contribuir a crear una cultura de la resistencia. Esta situación requiere un esfuerzo común y colectivo, porque la actual ofensiva nos afecta a todos/as. Entendemos, precisamente, que esto mismo es la solidaridad: el considerar los problemas de cada uno asuntos colectivos que deben ser solucionados entre todos/as.                    
Al mismo tiempo, constatamos sobre el terreno que nuestros deseos últimos no son los de regresar al tiempo anterior a esta nueva y profunda crisis del capitalismo, sino los de no dejar piedra sobre piedra. Por esta razón, pensamos que junto a la resistencia y lucha contra la enésima reencarnación del capitalismo y su Mafia Organizada, también es imprescindible profundizar en un discurso que piense en el día de mañana, que pueda contagiar y propagar la mecha. Lo utópico se ha de concretar en el ejercicio de su práctica diaria.                          
 Quienes impulsamos el Instituto del Tiempo somos conscientes de la magnitud de nuestras palabras. Nuestros objetivos son, en principio y necesariamente, modestos. En este momento sólo podemos aspirar a contribuir con nuestras palabras e ideas, con nuestros brazos y contraseñas, a impulsar un movimiento de ofensiva. Y esto ya es necesariamente comunidad. Creemos necesario profundizar en el estudio de los cambios que se están llevando a cabo en el ordenamiento del mundo y en cómo afectan necesariamente a nuestra libertad; dotarnos de los instrumentos teóricos que nos permitan avanzar en la crítica del mundo que se nos impone; fomentar el debate en profundidad sobre los medios y los fines de un posible programa revolucionario; tejer relaciones con otros grupos o colectivos empeñados en tareas similares para, por un lado, ampliar las discusiones y debates y, por otro, fomentar la multiplicación de instrumentos de lucha y acción colectivos encaminados a objetivos concretos.                                
 Por ello, invitamos a todas aquellas personas que lo deseen a acercarse al Instituto del Tiempo y compartir ideas, proyectos, experiencias y deseos. Os esperamos.

Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra

:: Asambleas todos los martes (a partir del martes 8 de febrero) a las 19 horas en la Librería Enclave de Libros (Calle Relatores 16, Madrid | Metro Tirso de Molina)
:: Hemos hecho un dossier con varios textos que pueden animar el debate. Pídelos gratuitamente en Enclave.
:: Escríbenos a: institutodeltiempo@gmail.com
:: Síguenos en http://institutodeltiempo.blogspot.com.

La lógica del sistema

Uno de los gurús ibéricos de la economía actual, que destaca por hablar claro, a diferencia del resto de sus colegas, que aún no saben de qué va la vaina, nos ofrece una visión estratégica interesantísima y que deberíamos leer con mucha atención sobre el futuro de nuestros intereses. Nos explica con un lenguaje claro por dónde van a ir los tiros de la economía de aquí en adelante en un mundo de recursos cada vez menores y de tecnología cada día más avanzada. Se agradece que un economista diga lo que piensa. A continuación el texto:
 ‘¡El 28 E! ¡El 28 E!’ vociferan en la calle: ‘La reforma de las pensiones’, alguien susurra. Pero la reforma de las pensiones tan solo es un ladrillo más de una estructura muchísimo más amplia, una nueva estructura que sería parte de la forma que adoptaría aquella manifestación que hace unos meses realizó el presidente de la República Francesa en el sentido de que es necesario un nuevo Contrato Social.
 En España se está llamando ‘reforma laboral’, pero, ¿a qué se están refiriendo en realidad?. Primero fue la reducción salarial del 5% a los empleados públicos (qué no sólo a los funcionarios); luego la posibilidad de que las empresas pudieran descolgarse de lo firmado en los convenios colectivos si demostraban que la evolución de sus cosas apuntaba a una caída en sus ingresos; a la vez, el abaratamiento del despido con aquel contrato de 33 días; el 28 de Enero va a ser, sí o sí, la modificación en el modo de cálculo de las pensiones a fin de que se reduzca el monto total a pagar en pensiones (y que se traducirá en una caída de la pensión media, de momento sólo para las nuevas); antes de Mayo el intento de prolongación en la edad de jubilación; ya, el inicio de conversaciones para cambiar la negociación colectiva y el espíritu sobre el que se sostiene; dentro de cuatro días las reducciones que van a experimentar los salarios medios. 
‘¡Se está atacando al mundo del trabajo!. ¡Se está atacando al mundo de trabajo!’ Gritan quienes se hallan altamente concienciados con los temas laborales. ¿Atacando?. Mmmmmm. Pienso que no es la expresión correcta, en cualquier caso, ¿alguien pensaba que el mundo del trabajo iba a quedar al margen de la vorágine en la que ha entrado la economía planetaria teniendo en cuenta que el factor trabajo, precisamente, es uno de los elementos a los que más va a afectar -ya le está afectando- la secuencia de cambios que se está produciendo en la economía mundial?.
Cada vez se necesita menos factor trabajo para generar una unidad de PIB, crecientemente se va a necesitar menos: se está sustituyendo factor trabajo por factor capital. La productividad está aumentando (en España muy poco, y lo que aumenta es debido a que crece el paro, lo que es malo, muy malo: baja productividad equivale a una reducida preparación de cara al día después de la crisis, y para salir de ella), y, debido a lo dicho, tiende a aumentar. ‘Entonces, ¿es inevitable un elevado desempleo estructural incluso después de que finalice la crisis?’ Sí, pienso que sí.
Por el impacto que va a tener sobre los millones de trabajadoras y trabajadores ocupados, pienso que la histórica petición de la patronal española (de las patronales de todo el planeta) de colocar a cero el contador de los logros laborales con que la plantilla de una empresa cuenta al inicio de una negociación colectiva, en el momento en que tal petición adquiera el rango de ley, va a ser la medida que va a generar mayores repulsas, aunque sólo eso: repulsas; repulsas de gaseosa: ¡Ffffffffshshshshshsh! al principio, Fiuuuuuuuuuuuuu, a medida que los días vayan pasando: recuerden lo sucedido en Francia, ¡en Francia!, hace un par de meses.
La única verdad: cada vez se necesita menos factor trabajo, ¿quiénes necesitan cada vez menos factor trabajo?, quienes lo utilizan: las empresas para fabricar bienes, para elaborar servicios. Por un lado, las empresas necesitan menos factor trabajo: por un lado mueren empresas: las menos competitivas: desaparecen o son absorbidas, y sus restos reorganizados, y sus plantillas disminuidas: ¿qué reducción de efectivos humanos supondrá la reordenación de las Cajas de Ahorros?; por otro, el consumo disminuye: descenso del crédito, caída del consumo; por otro más, el offshoring, la externalización de actividades. Ya, queda la exportación: el reducto de generación de PIB que, según se dice, va a salvar a todas las economías de todos los futuros desastres, a todas, curioso, ¿no?: el consumo interno se admite que va a reducirse en casi-todas-partes, pero las exportaciones van a aumentar en todas-partes.
Vuelvo a donde estaba: partir de cero en el inicio de la negociación de un convenio colectivo. Pero, ¿se han dado cuenta de que nadie habla del fraude fiscal?; ¿han percibido que ni siquiera los sindicatos han relacionado ‘reforma laboral’ con ‘fraude fiscal’?. Piénsenlo, las empresas son, hoy por hoy, y admitida la reducción imparable de la dimensión de los Estados, los únicos entes ocupadores de mano de obra, de población activa, independientemente de su tamaño y del subsector en el que su actividad se encuadre; en consecuencia esos entes han de contar con las máximas facilidades posibles para que ocupen a la mayor cantidad de población activa que sea posible, al margen de tiempo de vigencia de esos contratos, al margen de condiciones, pronto al margen de derechos ya adquiridos, muy pronto al margen de discrepancias impositivas: recuerden el informe de la OCDE sobre ‘la economía española’: reducción de tipos impositivos a las grandes empresas (en España podría añadirse a las pymes).
En consecuencia, en una fase de necesidad decreciente del factor trabajo, ¿era procedente pensar que el factor trabajo iba a seguir contando con los mismos derechos?.
Pienso que lo que en España va a suceder es lo siguiente. La edad de jubilación no va aumentarse por ley, o sí, pero con tantísimas excepciones que será como si no; con ello los sindicatos podrán apuntarse un tanto (puramente simbólico: al final lo que cuenta es el monto total pagado en pensiones: si la pensión media desciende y sigue descendiendo, la posible prolongación de la edad efectiva de jubilación vendrá influida por las cotizaciones decrecientes de una cada vez más empobrecida juventud subempleada).
Bien, la edad de jubilación, pensaba, no va a aumentarse y, a cambio, los sindicatos -y los trabajadores- asumirán el abaratamiento del despido, la mayor facilidad de despido por razones económicas, el descuelgue se los convenios por razones coyunturales, y la puesta a cero del contador en las negociaciones de convenios en temas económicos cuando se den una serie de razones a determinar; convenios que cada vez tendrán un ámbito más individual.
Con esto se completará la primera fase de esa realidad a medio plazo planteada por M. Sarkozy: la facilidad necesaria para ‘tomar’ factor trabajo y utilizarlo -a los menores costes posibles, evidentemente-, y para ‘devolverlo’ al depósito en el que permanecerá parado, subempleado, infrautilizado, hasta que vuelva a ser necesario. (Atención: ‘depósito’, no ‘Ejército Industrial de Reserva’: un ejército está compuesto por individuos, en un depósito hay cantidad intercambiable de elementos)
‘¡Qué horror’!, se oye en la calle. Ya. Una vía alternativa es montar una revolución, lo que es complicado al margen de que las revoluciones sociales, hoy, no están de moda. La realidad es que la necesidad de factor trabajo disminuye a la vez que el trabajo disponible es el existente, por lo que, o se envía población a colonizar la Luna y Marte, o las empresas irán aumentando sus requerimientos para abaratar los costes laborales de los crecientemente menos numerosos trabajadores que vayan necesitando. A corto plazo la segunda opción parece más viable.
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad d’Economía IQS. Universitat Ramon Llull.
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Como vemos, nos ofrece una visión sumamente negativa del futuro. El factor trabajo, como lo llama en fríos términos, es cada día menos necesario, y por tanto prescindible ya que siempre habrá gente que necesite trabajar, y lo hará cada vez por menos. Es claro que de alguna manera el poder intentará eliminar esta sobra de mano de obra, porque se le plantea un problema social grave. Nuestra esperanza de vida, de casi 80 años, se irá reduciendo paulatinamente en los próximos años. Con las reformas que se están haciendo (o las que están por llegar) no esperemos vivir 120, sino 60 o 70 años como mucho. Se trata de eso: la esperanza de vida está ligada al estado del bienestar. Ya sea, mediante el fomento de la emigración, o mediante la caída de la natalidad, nos harán ser menos en el futuro (eso, si no nos meten en una guerra o nos libramos de cualquier epidemia que pueda afectar el planeta). 
Otra cosa que se desprende del texto, es que una revolución, ¿para qué? No se puede cambiar nada. Según la lógica del capital-trabajo, es posible que no. Sobramos muchas manos para el trabajo que hay. Pero, ¿y si cambiamos el modelo productivo? ¿Y si el campo volviera a absorber a una parte importante de la población? Mientras tanto no nos podemos fiar de nuestros gobernantes o de la gran industria (y nunca han sido de fiar) que de alguna manera u otra intentarán reducir en breve la población. Es el escenario perfecto para un país de trabajadores desesperados, sin ninguna esperanza en un futuro mejor. 
La solución es clara, Socialismo o Barbarie

Manifiesto fundacional del Instituto del Tiempo



«No necesitas un hombre del tiempo para saber por dónde sopla el viento»
Bob Dylan, Subterranean homesick blues


Porque ya casi no nos queda tiempo, necesitamos todo el tiempo del mundo.
Bajo esta aparente contradicción vive el rebelde en la era del ocio alienado, el chaval jodido por todo y que ya no se contenta con casi nada, los nuevos quinquis, aquellos otros viejos ladrones del tiempo perdido y casi olvidado, los que aman la literatura pero detestan la mugre literaria; pero también los deleznables intelectuales y los artistas atrapados en su cosificación cultural (el medio terminó por enterrarlos), los profesionales de la política en todos los frentes, los gestores de la descomposición. Ellos y, por supuesto, también nosotros, pequeños cosmonautas que vagan a través del tiempo y el espacio, somos parte de esa contradicción. Nuestro tiempo habla. O se es, o se sucumbe.
¿Dónde habita el pensamiento crítico? En un momento de crisis, que es de largo recorrido y de un carácter mucho más profundo que el meramente económico, no parece aventurarse una alternativa claramente anticapitalista, poderosa y capaz de contagiar. Ha habido momentos de choque, pero no ha llegado a entablarse un verdadero combate. El futuro a buen seguro nos deparará nuevas situaciones de conflicto, nuevas posibilidades. Hoy estamos en el momento de la crítica crítica, de la experimentación salvaje y el ir tejiendo complicidades y lazos, alianzas. Sin embargo, parece que la anomia nos ha dominado precisamente en el momento en el más se debía escuchar esta voz. La mayoría del pensamiento que se dice crítico se esconde o recita de corrido su manual subversivo al uso, cuando no pide a los señores de la muerte que nos salven de sí mismos. ¿La crisis que la paguen los ricos? Miseria tras la miseria, juego y ñoñería.
Faltan las respuestas. Pero quizás éstas no llegan porque las preguntas a las que acaso habrían de contestar no han alcanzado a formularse. Nos hemos acostumbrado a un lenguaje en el que nos sentimos cómodos y a un hacer que se deja llevar en una suerte de fetichismo que está abocado (si no consigue despegar las alas y ser algo más que repetición) a la desesperación, la reinserción y la museificación. Se huele de lejos: el viejo cadáver del estalinismo se ha transformado en el cadáver temprano de unos rebeldes que se sienten satisfechos. Han renunciado a todo, aunque de vez en cuando protesten y se paseen con gesto sombrío. Teoría y práctica caminan sin hablarse o, peor aún, entran en una espiral de manotazos que golpean el aire sin acertar sus objetivos.
Y sin embargo, se mueve.
Al mismo tiempo que constatamos que se ha llegado a un punto muerto, apreciamos una inquietud creciente, una búsqueda incansable de algo que quizás sólo se intuye, pero que muchos consideran imprescindible. A poco que se interrogue en ciertos ambientes se constata esa sensación. El metro, la calle… sus rostros hablan.
Hoy, en este lugar, damos por inaugurado el Instituto del Tiempo.
Ya casi habíamos olvidado el momento de juntarnos y discutir. Por esta razón, en medio de esta ciudad que deseamos ver sucumbir piedra tras piedra, hemos decidido hacernos con una mesa amplia, de duro roble, y bajo la luz de un foco que nos es común (la desviación) extender el mapa y fijar objetivos… Con esa intención nace un proyecto que aspira a ser y estar vivo, el Instituto del Tiempo.
El Instituto del Tiempo es una plataforma abierta, a todos aquellos que viven esa contradicción y quieren extraer de ella todas las consecuencias. ¿Cómo contactar? Nos veremos en los actos que organizaremos, podremos charlar y debatir, pensar y repensarlo todo, empezar de cero o deslizarnos hasta los confines. Es fácil. Se llega, se conoce, hay un intercambio. Uno también se va, pero ya se lleva algo. To-do es de to-dos. No pretendemos ser gurús, ni tampoco demiurgos, simplemente buscamos un nuevo espacio, no sólo físico, en el que poder movernos e invitamos a aquellos con los que compartimos el dolor y la rabia, pero también los sueños y los deseos a compartir algo más, algo que que habrá de descubrirse.
El Instituto del Tiempo nace al calor de la experiencia, la práctica, la risa y el hastío. Su objetivo es fomentar una comunicación y un debate directos y continuados, porque sin ellos no se puede fundar una práctica y mucho menos llegar a creer que se pueda incidir en la realidad. El Instituto del Tiempo es un espacio de encuentro, reflexión y motivación. Hasta ahí llegan sus pretensiones, ni más ni menos. No es ni puede ser un motor, sino algo más modesto, un crisol en el que reunir experiencias. Que esas experiencias se expandan y activen la práctica revolucionaria a todos los niveles es un deseo, nuestra aspiración, pero esa aspiración no habrá de concretarse sino con el propio desarrollo de la creación colectiva.
Hacia la consecución de esa creación colectiva nos dirigimos, partiendo de unos puntos que habrán de completarse, modificarse, abandonarse o incorporarse según el propio movimiento que se fijen el deambular del Instituto. En este sentido, el programa, necesariamente temporal y ampliable, de investigación y experimentación del Instituto del Tiempo puede resumirse en cinco líneas que se entrecruzan, confluyen y se expanden.
Aventura. La aventura es descubrimiento y es acción. Descubrimiento de uno mismo. Descubrimiento de nuevas relaciones entre los seres humanos y entre éstos y las palabras y las cosas y los actos. Frente a un mundo que ha desterrado lo maravilloso de la vida y lo ha sustituido por ceros y unos creemos que es imprescindible un reencantamiento del mundo que cargue la vida con todo su potencial. Acción que dote de sentido a las palabras en una época en la que éstas han pasado a ser rehenes del enemigo. Necesitamos instrumentos con los que abrir una brecha y dotar de significado a lo que ha sido despojado de él. Es imprescindible arriesgarse.
Mito. El capitalismo y el Estado, en todas sus formas posibles, se han erguido victoriosos derribando a los demás sistemas de creencias (religiosas e ideológicas) o incorporándolos a su seno. Pese a su glorificación de la ciencia y la razón no dejan de basarse en una construcción mitológica de la realidad, apoyada en un esfuerzo propagandístico sin precedentes que lleva a que, inconscientemente, interioricemos y asumamos como natural esa (su) construcción de la realidad y a menudo no cuestionemos sino los aspectos más superficiales de la misma. Hay que captar las imágenes dialécticas que fijen los momentos y conceptos clave que permitan desentrañar y desacralizar los mitos del enemigo. Entonces se habrán de construir nuevos mitos, fundados en unas perspectivas radicalmente distintas que se contrapongan a los del capitalismo y el Estado.
Tiempo. Afirmamos que el tiempo corre en nuestra contra en todos los sentidos. Debemos aprender a movernos en él en una dimensión distinta a la que nos aseguran que es la única posible, desechar de una vez el erase una vez y borrar las distancias para traer al ahora tanto las imágenes del pasado como las chispas del futuro. El conocimiento de la historia, tanto la de las tentativas por torcer su rumbo como la de las relaciones que han conducido a este presente, desde una perspectiva ajena al academicismo, la nostalgia y la rememoración es vital para cualquier tentativa de superación del presente, como lo es también tener la capacidad de anticipación utópica que nos permita no diseñar el futuro pero sí traer destellos de una vida liberada a un presente que todavía no lo ha sido para así llegar a alcanzarlo.
Espacio. El espacio ha sido colonizado hasta el último de sus rincones. El capitalismo se ha apropiado de todo lo material para reducirlo, acotarlo y comercializarlo. Pero también el espacio virtual, el espacio que no se halla en ningún lugar, y los saberes están sometidos en todos los sentidos a la ordenación geoestratégica y la reducción mercantilista. Nada nos pertenece, incluso nuestros cuerpos son hoy espacio que sólo nos es cedido en usufructo por el Estado, pudiendo sernos arrebatado. Medicalización y psiquiatrización son instrumentos de control del espacio en nuestras carnes y nuestras mentes. Luchar por el territorio, liberar espacios, liberar los cuerpos son prácticas y son batallas que hay que librar. Es necesario investigar sus diferentes caminos, sus posibilidades, sus límites y sus objetivos últimos, así como plantear nuevos campos de experimentación, sin olvidar que muchos de ellos también han sido colonizados.
Utopía. El objetivo último es apuntar a lo lejos, a lo todavía no sido. No nos basta (¡ya no!) con desenredar la telaraña de mentiras y falsificaciones en la que vivimos, eso se ha mostrado insuficiente, queremos fomentar la creación de un imaginario colectivo que alimente el pensamiento utópico y su inmersión radical y furiosa en la realidad. Llevar a cabo una cartografía de los deseos y de la revuelta que plantee preguntas y marque objetivos para poder abrir grietas en el entramado de la realidad. En este sentido, la ciudad todavía es nuestro campo de batalla. Es en ella donde nos movemos y actuamos, es en ella donde se concentran los centros de poder que se han de derribar y es en ella donde se ha de realizar la transformación que finalmente la destruya. Creemos que la investigación, la experimentación, el pensamiento rebelde, la crítica y la revuelta sólo tienen sentido si están animados permanentemente por el espíritu de la utopía, aunque éste no siempre se haga visible. Habita entre las sombras pero siempre busca la luz. Hoy la utopía no tiene un final programático, sino sólo un delicioso comienzo que nos habla y nos dice: "A ver qué sucede…"


Comité constituyente del Instituto del Tiempo
Madrid, Fin del Mundo. 6 de febrero 2010